Pues iba yo esta mañana tranquilamente dirección al supermercado a comprar helado y gazpacho cuando me he dado cuenta de que se me había olvidado la maldita bolsa. Por suerte he notado el peso en mi espalda y me he dado cuenta de que llevaba la mochila colgando así que me he alegrado al saber que iba a poder ahorrarme tres centimazos que indiscutiblemente marcarían un antes y un después en mi economía. Una vez ya dentro he cogido el helado primero y luego he ido a buscar el gazpacho, algo totalmente lógico y racional, sobre todo viendo que tras cinco minutos dando vueltas no lograba atinar en qué rincón habían colocado la bebida. Creo que deberían dar un mapa como en en los parques de atracciones. Al final he decidido preguntarle a una de las encargadas de allí, a la que más cajas llevaba encima (hoy me sentía tocapelotas).
-¡Hola! ¿podría decirme dónde está el gazpacho o he de ir a coger los ingredientes y me lo hago en mi casa?
-Claro agradable señorita, está al lado de la charcutería.
-Muchas gracias adorable reponedora de alimentos.
Como ven todo muy coloquial hasta que cinco minutos más tarde y tres vueltas al supermercado dadas por cada uno de sus pasillos me he dado cuenta de que no tenía ni la más remota idea de dónde estaba la charcutería.
Finalmente he encontrado el gazpacho en el congelado y una vez cambiado el helado inicial que ahora era batido grumoso me he ido a la cola, he esperado a que la familia gitana hiciese la compra para toda su familia y he puesto la mochila en la zona de los artículos para ir colocando las cosas conforme me lo daban. Por supuesto visto que eran dos artículos y que mi capacidad para sujetar cosas con las manos no es corta del todo, he abierto la mochila con una y he hecho las transacciones con otras. Todo perfecto hasta que he visto la cara de la cajera y de las tres personas que me esperaban en la cola (incluyendo una mujer de 67 años). Vista la desfigurada cara de todos los allí presentes me he puesto roja pensando... ¿qué llevaba yo en la mochila, porque realmente pesaba algo? Bajo la mirada y...
Pues yo resulta que había salido de mi casa con la mochila llena de consoladores y artículos de bondage (todos para regalar, por supuesto) y la había llenado a los topes. Obviamente como esta no es una prática que suela ser común en mí, se me había olvidado y pensaba que en lugar de dildos gigantes de goma llevaba los típicos libros de estudio.
Pero ya está, metí mi gazpacho y mi helado en la mochila como buenamente pude y me fui. En estos momentos me gustaría haber sido más extrovertida para poder haberme desenvuelto con total normalidad:
-Tenga, su recibo.
-Muchas gracias dulce señora.
-Se le ha caido un dildo de descomunales proporciones.
-Ah, cierto, pensaba que era una barra de pan, lo cual me recuerda que se me ha olvidado comprar pan.
-Jaja, claro qué graciosa es usted.
-Sí, es que soy una persona bastante realajada sin ningún tipo de presión.
-Ya lo veo, con tales utensilios a su espalda es normal tener esa sonrisa que usted tiene.
Pero no, sali del supermercado... iba a decir con el rabo entre las piernas pero más bien los llevaba a la espalda.
Me voy a sacarme sangre, espero que sepan destilar porque si no todo lo que van a encontrar será más parecido a la combinación molecular de ron.
0 comentarios:
Publicar un comentario