Acaba de ser la segunda vez que me llaman Gaudiosa. No recuerdo para qué fue la primera pero en esta segunda ocasión me ofrecían un super crédito y me aseguraban de que no era publicidad. En un primer momento había pensado contactar con el número para decirles que lo sentía mucho pero que esa tal Gaudiosa, cuyo nombre estoy segura de que es falso, ninguna madre puede odiar tanto a su hija, les había engañado y les había dado un número de teléfono que no era cierto. Pero luego he pensado: pobres personas, viven con la ilusión de que esa tal Gaudiosa (llamémosla X por desconocer su sexo y nombre real) había confiado en su publicidad engañosa y poco eficiente y les había dado un número real.
Pobres ingenuos. Todo esto me ha hecho pensar en qué será de aquellos destinatarios a los que en mi pura adolescencia y maldad benévola me dedicaba a mandar mensajes a números aleatorios diciendo "estoy embarazada", "el hijo es tuyo" o "una maldición gitana se apiada de ti y no importa lo que hagas, morirás mañana".
También me ha hecho pensar en la cantidad de nombres que parecen falsos pero no, su madre odió a ese crío desde la primera patada.
Yo siempre pensé que si algún día tenía un descendiente lo llamaría con un nombre feo, para que se lamentase de su nombre más que de cualquier cosa que le pudiesen hacer en el mundo. Aunque bueno, estas cosas siempre pueden salir mal y que el crío se suicide pero.... shit happens.
Otra cosa interesante que me ha pasado en estas siete horas que llevo despierta es que he descubierto las mafias de las señoras en el banco. He ido a la CAM que ahora es Sabadell y ponen publicidad de famosos que se hundieron en la mierda y luego resurgieron (como la CAM que ahora es Sabadell) y he pensado, oye, ¿cómo contratan a esta gente para que les anuncie? Me imagino la situación:
-Necesitamos a gente que lo era todo y luego fue mierda, ¿tú has tenido un momento mierda? Venga, eres la cantante de Presuntos Implicados, eres fea y nadie te termina de conocer, no puedes decir que no, además igual si te ven hasta te recuerdan y te escuchan.
-Sí, es verdad fui mierda, me apunto a decir que fui mierda.
Ridículo.
Pues yo llego, me encuentro a más gente que en el primer día de rebajas de un centro comercial. Parecía Vietnam, gente por el suelo, por las sillas, gritando, niños llorando, otros intentando ligar... y ahí entro yo, con cara de miedo, de miedo por ver cuando saldré si dentro de una hora o de un siglo. Cojo número, porque ahora se coge número como en las carnicerías y me veo que me quedan veinte números por delante. Muerte, me uno al Vietnam.
Al rato vienen unos chavales muy dispuestos, cogen número, se plantean formar una familia allí debido a los diez años de espera antes de que les toque y se sientan. Una señora que había antes que yo ve que otra deja un número en una mesa y se marcha, como ve que el suyo va más adelantado no dice nada, pero les avisa a aquellos chavales de que cojan aquel. No os voy a mentir, me jodió, a aquella señora no la voy a volver en la vida, ella no me va a volver a ver a mí, pero entre dárselo a aquellos pimpines o dármelo a mí (persona decente donde las haya) pues podía habérmelo dado a mí. Intento ocultar mi cara de conscernación, por lo menos me quedan ocho años de espera antes de poder salir de ese banco.
Al poco otra señora más adelantada que esta anterior de la que he hablado se levanta y se acerca a mí con sigilo y pausa y me mete un papel enrollado en mi mano, así como quien vende costo. En un principio digo, joder era cierto eso de que regalan droga, pero luego he desenvuelto el papel y he visto que era un número diez anteriores al mío. La mujer, muy indignada con la actuación de la otra y con su buena fe heredada de Robin de los Bosques, se cogió dos números, uno para ella y otro para repartir el bien entre la gente que lo necesitase.
A mí me ha venido bien, he salido al cabo de dos horas. He desperdiciado dos horas de mi vida en lo que podría haber hecho actualizando la cartilla... soy feliz.
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