11 agosto


No, no me he muerto. Realmente he estado de vacaciones como todo ser humano en estas épocas y trabajando como no todo ser humano hace en estas épocas. Poco tiempo, una vida ajetreada, llena de emociones, miedos intrigas, fricción, frunción... He estado de vacaciones y obviamente, teniendo en cuenta el carrusel de vida que llevo y la de aventuras que le pasan a esta cabeza loca me han pasado cosas bastante trepidantes. Por suerte o por desgracia (suerte para vosotros que no tendréis que morir leyendo, desgracia para mí porque soy demasiado entusiasta) ha pasado demasiado tiempo de todas ellas: demasiado para que me pasen muchas cosas, demasiado para olvidarme de todas. Y es que la vida se trata de disfrutar y de vivir y no de apuntar cual maníaco obsesivo cada instante de segundo lo que nos pasa en una libreta con olor a vodka derramado, no: hay algo más. Eso, y que no llevaba libreta donde apuntar, francamente.
Así que nada, hoy me vuelvo a dirigir a vosotros, lectores invisibles y casi nulos cuya presencia es comparable con las aportaciones de Dios sobre la faz de la tierra, para hablaros de algo bastante curioso: las compras mínimas en los supermercados.
Hoy he ido al el Infimober a comprar algunas cosas que no tenía en casa y eran de extrema necesidad:
  1. cerveza
  2. mejillones (porque siempre tienes que tener algo de picoteo y qué mejor aperitivo que no uno con el que puedas bromear con tus amigos diciendoles “cómete mi mejillón”, también se valen berberechos y ostras pero debido a que no me limpio el culo con billetacos he decidido unirme al molusco del pueblo, el rey de los convites del vulgo).
  3. Condones

Véaseme allí, esperando tras una mujer mayor y muy santa (¿por qué siempre me tocará detrás de señoras de más de cincuenta años cuando compro preservativos en los supermercados?) y dejo en un principio los dos litros de cerveza, luego los mejillones y finalmente, con cara de pervertida lasciva queriendo traficar con algo; los condones ahí bien colocaditos. La señora de la caja, gélida y pétrea pasa todo sin inmutarse y con la única pregunta de si quiero una bolsa a la cual le respondo que no, que me lo llevo puesto.

Yendo para casa me pongo a pensar en la de historias que haría yo con un paquete de mejillones, dos cervezas y condones, las cervezas y los condones tienen su lógica, pero nadie en el sano juicio de querer pasar una noche de placer se pone a comerse tres (ni siquiera una) latas de mejillones en escabeche (sí, lo sé, a mí también me parece súper erótico ver a la persona con la que te piensas acostar con su puntillo dejando caer el líquido naranjoso de los mejillones y pringándose los dedos con esa sustancia que parece que sea con la que rellenan los subrayadores).

–Cariño te has dejado algo ahí... –señalas con el dedo preocupada a la barbilla que, reluciente y resplandeciente a la luz de las velas, no sabes si le ha dado un derrame y está babeando y hay que llevarlo al hospital o si realmente lo que le chorrea es el caldillo del mejillón (y no exactamente del tuyo).
Entonces ante tal anotación, la peor que te pueden hacer en una velada pre-coito, si te la hacen a ti, decides si:
  1. limpiarte en una servilleta, la cual dejarás inutilizada para el resto de la eternidad si es de tela o si es de papel necesitarás quinientas (ya sin hablar si es de papel de bar que son impermeables).
  2. Pensar ingenuamente que es poco lo que tienes y pasarte la lengua para chupar el caldo del mejillón. Con lo cual, torpemente descubres que te ha llegado más abajo de lo que pensabas y sacas la lengua como si tuvieses algún tipo de retraso (ahora ya no follas seguro).
  3. Limpiarte con la mano cual hombre de las cavernas, descubriendo que eso resbala más de lo esperado porque ese puto mejillón había absorbido todo el escabeche del mundo y haciendo uso literal de la expresión: “dar la mano y coger el brazo”.
Y ya si no hablamos del perfumado aroma a escabeche, digna de chanel.
Cita 100% espectacular.

Y ya retomando el tema de las cajeras que ni se inmutan al ver tales compras pequeñas, me he puesto a pensar en la de otras compras más extrañas que la tuya que habrá visto. He pensado en una lista, algunas de ellas que fueron adquiridas por mí:

  • anticongelante y cocacola
  • quesitos y preservativos
  • bolsas de plástico, tijeras y cinta aislante
  • cuajada y cleenex
  • vino, vodka, tekila y galletas de dinosaurios
  • largo etc.

Y ya, si añadimos 2 cajas de 24 preservativos a la lista obtendremos el pensamiento de la cajera de: esta persona no folla ni pagando.
En conclusión he de decir, que si la cajera no se ha asustado con mi combinación de velada perfecta, cosas peores habrá visto.  

2 comentarios:

Humbert Gonzalo dijo...

Yo he llegado a comprar tan solo condones y un par de latas de cebolla frita. Cosas que se necesitan en un momento dado :-)

Kaede dijo...

sí, son cosas que se necesitan en un momento dado pero no caes en lo extraña que esa compra puede resultar por separado xD


gracias por el comentario :)

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